jueves, agosto 20, 2009
Al terminar el día
Por cosas que suceden en la vida guardo aún la esperanza, ojalá, de ser de los que encontró al caer la tarde y les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?". Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".
lunes, julio 06, 2009
San Pedro

En los vaivenes de la fe es habitual que ciertas palabras, sucesos o personajes conocidos desde hace tiempo cada tanto vuelvan para renovarnos un poco (¡o mucho!).
San Pedro, que por lo que sabemos de él fue pescador, hombre rudo y algo ya entrado en años (al menos para esa época, probablemente era menor que yo), siempre demostró ser imperfecto, débil y cobarde en varios pasajes evangélicos, pero extrañamente fue escogido para ser la primera piedra de la Iglesia (Mt 16, 18). Habitualmente este suceso no reviste gran trascendencia para muchos cristianos, católicos y obviamente no católicos, pero es precisamente en este gesto de Jesús hacia él que se confirman las buenas nuevas que nos anunció: Dios opta por el hombre, le confía sus bienes, le pide colaboración.
Pedro nos muestra cómo Dios quiere que seamos felices y plenos, pues su pedagogía consiste no en darnos todo hecho, en mostrarnos su poder infinito para que creamos, sino por el contrario nos mueve a hacer grandes cosas, en donde lo simple puede contener las verdades más profundas de la vida y las tareas en que más arriesgamos a veces no significan nada; y en el camino del "hacer" Dios va revelándonos que a pesar de nuestras limitaciones nuestras virtudes son mayores, y que en la suma y la resta siempre podremos terminar sumando más de lo que pensábamos.
Pedro sin querer nos confirma que debemos tener confianza en nosotros mismos, que debemos darnos esperanzas, porque él mismo fue motivo de esperanza para muchos. Dios se hizo hombre para, ente otras cosas, mostrarnos a través de este hombre algo bruto que poseemos un don increíble, incluso indescifrable e inentendible, pero que se basa en la fuerza que brota desde el que nunca ha tenido nada, del que cree a pesar de que nadie de sus cercanos nunca le dio reales esperanzas, del que descubre que siendo débil se puede conseguir todo lo que realmente importa.
miércoles, mayo 06, 2009
El Dios de los cineastas (y el de los otros)
Las afirmaciones son del cineasta italiano Ermanno Olmi y las expresó en el I Congreso Internacional de Teología y Cine, organizado por la Facultad de Teología de Cataluña hace algún tiempo. En la filmografía de Olmi figuran "El árbol de los zuecos" (1978), un retrato de la italia rural con alusiones religiosas, que obtuvo la Palma de Oro de Cannes. Más tarde realizó "La leyenda del santo bebedor" (1987), basada en la novela de Joseph Roth, que obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia.
Olmi, un católico crítico de la Iglesia, ha realizado hace poco "Cien clavos", cuyo protagonista, dice, es "un Cristo de las calles y no de los altares".
Es una mirada interesante. Y hay muchas otras. No cabe duda que el Cristo de Zefirelli, católico, es muy distinto al de Passolini, un intelectual marxista que siempre incomodó al poder desde su honestidad y crudeza. Hasta que lo asesinaron.
Desde el punto de vista de la puesta en escena, por ejemplo, el de Zefirelli es una versión clásica, trabajado con colores cálidos, nubes a contraluz, harto filtro para hacer más etéreo al personaje, mucha grúa que baja suavemente desde lo alto. El de Pasolini, en cambio, es un Cristo en blanco y negro, con una dirección de fotografía que lo hace más crudo y más rudo, con cámara en mano, inestable, a ras de piso, tal como la cámara de un noticiario abordaría a un transeúnte en la calle.
Scorsese también hace lo suyo en "La última tentación de Cristo", basada en la novela de Kazantzakis. Allí hay un diálogo, que no es menor, de un ángel con Cristo crucificado que instala la duda de un modo frontal:
- ¿Estás seguro que es Dios, estás seguro que no es el diablo?, pregunta el ángel.
- No estoy seguro. Yo no estoy seguro de nada.
- Si es el diablo, al diablo lo puedes sacar.
- Pero, ¿y si es Dios?, responde Cristo. No se puede sacar a Dios, ¿verdad?
En la misma línea se puede interpretar buena parte del cine de Bergman que tiene una interrogante experimentada desde una profunda angustia: el silencio de Dios.
En fin, en el cine hay muchas miradas y Dios parece no perder vigencia.
Hace algunos días apareció en Chile el libro "¿Dios existe?", cuyos autores son Joseph Ratzinger y Paolo Flores d'Arcais. Un gesto interesante de Benedicto XVI, no sólo por la pregunta del libro sino especialmente por dialogar con un filósofo ateo.
Pero hace ya bastante tiempo que Amado Nervo había enfrentado el tema a su manera: "Resolví el problema. Dios existe. Somos nosotros los que no existimos."
Lo que está fuera de duda es que Dios está en el debate. En tiempos tan descreídos y pragmáticos y oportunistas y frívolos y faranduleros, no está mal.
Christopher Hitchens publicó "Dios no es bueno", un debate contra la religión, señalando que "es la promesa vacía de los totalitarismos" y Michel Onfray publicó "Tratado de ateología" en el que sostiene que Dios no está muerto y desde allí plantea la necesidad de un nuevo ateísmo, "argumentado sólido y militante."
En Chile también ha habido aportes valiosos. "¿Qué hacer con Dios en la República?", de Sol Serrano, descrito como un análisis sobre el proceso de secularización en Chile durante el siglo XIX desde el cual emerge, según la autora, una tremenda y fascinante paradoja: cómo la privatización del catolicismo -su alejamiento forzoso del Estado- constituyó su mejor publicidad en la esfera pública moderna."
El debate llega incluso a lugares insospechados. No hace tanto entré al baño de hombres del Bar Liguria y me encontré con tres rayados hechos a la carrera por personas distintas, según deduje por la caligrafía y los plumones empleados.
El primero era un clásico: "Dios ha muerto", Nietzsche.
Un poco más abajo alguien escribió algo ya conocido, pero que no va en camino de convertirse en un clásico: "Nietzsche ha muerto", Dios.
El tercero, en cambio, me pareció que tenía la gracia y la originalidad de la desfachatez: "Dios y Nietzsche han muerto y últimamente yo también me estoy sintiendo mal". No tenía firma.
Bueno, habrá que ver cómo sigue todo esto porque para algunos la vida es algo así como a Dios rogando y con el mazo dando mientras otros, los más, se quedan a la buena de Dios, confiados, allá ellos, de que Dios aprieta pero no ahorca y los contemplativos sostienen que Dios dirá y yo, por mi parte, con todo respeto, creo que es demasiado tímido."
lunes, marzo 16, 2009
viernes, enero 16, 2009
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viernes, noviembre 21, 2008
La importancia de recordar
A veces no sé si lo que considero como memoria son realmente recuerdos o más bien la reconstrucción de mi pasado a partir de algunas pistas, como las fotos. Gracias a los lazos retomados por medio de Facebook me he encontrado con unas cuantas fotos que me han lanzado con facilidad 20 años atrás; en ellas, a parte de la obviedad de salir más joven y con más pelo, descubro trazos, o mejor dicho, partes del andamiaje con que se ha construido mi fe.
Y miro esas fotos y trato de "recordar" el instante preciso en que fue tomada, pero en el intento me doy cuenta de que estoy "reconstruyendo" esos momentos, lugares, luces, aromas... amigos. Creo no ser capaz de recordar con tanto detalle pero uniendo los pedazos necesarios termino "viendo" nuevamente la escena y el instante justo. Por eso es que soy quien soy, y estoy en donde estoy, por mi historia.
A menudo nuestras creencias y certezas son puestas a prueba por nuestra misma cabeza, la fe en lo que no se ve es un camino cuesta arriba la mayoría de las veces, pero es escarbando en el pasado como todo el presente se hace más claro, pues esa suma de instantes, algunos breves, terminan haciéndome sentir lo mismo que entonces, que Dios ha pasado concretamente y ha dejado su huella bien marcada para que nunca me olvide de por qué le dije que sí.
viernes, septiembre 05, 2008
amor = totalidad
"Entre todos los movimientos del alma, sus sentimientos y afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, por lo menos de semejante a semejante... El amor del Esposo, o mejor dicho, el Esposo que es Amor no pide otra cosa sino amor recíproco y fidelidad. Que le sea posible a la esposa devolver amor por amor. ¿Cómo no amará siendo esposa y esposa del Amor? ¿Cómo no será amado el Amor? Ella pues, tiene razón al renunciar a cualquier otro afecto para poder consagrarse totalmente al amor, puesto que se le da la posibilidad de corresponder al Amor con un amor recíproco.
Pero, aunque ella se fundiera toda entera en amor ¿qué sería esto comparado con el torrente de amor eterno que brota de la misma fuente? La oleada que fluye de la que ama no es tan abundante como la que fluye del Amor, la del alma como la del Verbo, la de la esposa como la del Esposo, la de la criatura como la del Creador; la abundancia no es la misma la de la fuente que la del que viene a beber... Así pues, ¿los suspiros de la esposa, su amoroso fervor, su espera llena de confianza, todo ello será en vano porque en la carrera no puede rivalizar con el campeón (Sl 18,6), ni ser tan dulce como la misma miel, ni tan tierna como el cordero, ni tan blanca como el lirio, luminosa como el sol, e igual en amor a aquel que es el Amor? No. Porque si bien es verdad que la criatura, en la medida en que es inferior al Creador, ama menos que él, puede amarle con todo su ser, y nada falta allí donde hay totalidad...
Este es el amor puro y desinteresado, el amor más delicado, tan apacible como sincero, mutuo, íntimo, fuerte, que une a los dos amantes no en una sola carne sino en un solo espíritu, de manera que ya no son dos sino uno solo, según dice san Pablo: «El que se une al Señor es un espíritu con él» (1C 6,17)".
